La gastronomia vietnamita entra en la era del gato

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Un gato asado en un restaurant de Hanói el 19 de junio de 2014.La gastronomía vietnamita, conocida hasta ahora por su afición a la carne de perro, ha entrado en la era del gato para desgracia de los propietarios de "tigrecitos", cuyas mascotas robadas terminan hervidas, asadas o freídas al ajo en los restaurantes del país.Es el caso de un restaurante de Hanói, donde ahogan a los animales, los rapan y los meten en la freidora."Mucha gente come carne de gato.

Es nuevo, quieren probar", asegura To Van Dung, gerente del local que explora este nicho de mercado menos común que la clásica carne de perro, también muy consumida en la vecina China."Algunos piensan que comer gato a principios del mes lunar da suerte. Es diferente de la carne de perro. Comemos carne de perro al final del mes lunar. El gato, es para principios de mes", explica este vietnamita de 35 años.

El comercio de carne de gato es oficialmente ilegal en Vietnam. Las autoridades la prohibieron para preservar a estos útiles cazadores de ratas.Pero este restaurante asegura no tener ningún problema con las autoridades.
En un día de gran afluencia, más de un centenar de clientes pueden pedir gato en el restaurante de To Van Dung.El local se abastece gracias a los escasos criaderos locales. También recurre a otros proveedores que proponen carne de origen dudoso, a veces de Laos o de Tailandia.

- Pocos gatos en las calles -

Es poco habitual ver a gatos en libertad en las calles de Hanói. Sus propietarios los encierran en casa porque la carne de "tigrecito" es especialmente apreciada.La carne de gato sigue siendo menos frecuente que la de perro, que se puede comprar en cada esquina. Se come en particular para acompañar el aperitivo, con un cerveza local.

Los vietnamitas tienen costumbre de comer animales considerados en otros países animales domésticos.Según Hoang Ngoc Bau, uno de los pocos veterinarios de Hanói, esta costumbre se explica por un conjunto de factores históricos, entre los cuales la falta de comida durante la guerra."El país era muy pobre y hemos tenido una guerra larga. Comíamos todo lo que encontrábamos para seguir vivos. Insectos, perros, gatos, incluso ratas. Se ha convertido en una costumbre", cuenta.

Sin embargo este veterinario de 63 años no come carne de perro porque cuando tenía siete años su perro lo salvó de una serpiente venenosa y despertó su vocación."Desde entonces, tengo una deuda hacia los perros y me he hecho veterinario", dice.Hoang Ngoc Bau ha visto cómo la sociedad vietnamita ha evolucionado desde los años 1990, con la apertura económica decidida por el régimen comunista de partido único."Han cambiado tantas cosas, tan rápido. Con ello, la gente ve los animales de forma diferente.

La gente quiere cada vez más a los animales", explica.Esta evolución choca sin embargo con una tradición que sigue siendo una amenaza para los animales domésticos que andan sueltos.Como no existe la cría de perros y gatos destinados a ser sacrificados, "casi todos los animales cocinados en los restaurantes proceden del robo", asegura el veterinario.Unos pioneros de la defensa de los animales han lanzado una modesta campaña de sensibilización para cambiar las costumbres alimenticias de los vietnamitas. Sin mucho éxito hasta ahora.

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